¡HAY QUE ANDAR... ANDAR!

C. Sanz

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"La paz os dejo, mi paz os doy"

¡Cuán dulce el dolor que por su amor se siente!... De ese amor tan puro sentir el consuelo y el goce secreto interior; la comunión santa, el tierno embeleso del alma dichosa de tener tan cierta la paz del Señor.

"¡Oh si también tu conocieses, a lo menos en este tu día, lo que toca a tu paz!"

Sentir el dolor y llevar sus marcas en la incomprensión; el llanto vertido todo por la ruina del hombre caído. Cuando, al impulso de ese Nombre hermoso la Palabra fluye, tierna y poderosa, capaz, suficiente, sana y verdadera, y por respuesta se halla, o la duda fea, o caras burlonas, corazones duros, conciencia ignorada, o -lo que es más triste- fría indiferencia... ¡cuán dulce reposo ante tanta pena halla el defraudado mensajero en el toque sentido de Su comunión cierta!

"Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: conoce el Señor a los que son suyos; y: apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo"

Y si es en la ruina que el testimonio presenta... los tristes espectáculos de las luchas fraternas, en las divisiones, en el andar poco airoso de las llamadas iglesias, en la hipocresía de la cual la profesión está llena; nombres y más nombres, sectas y más sectas, en la idolatría, en las herejías, en la tolerancia del mundo, en la carne, en los mil problemas que en todas maneras, bastante a menudo, se presentan...; doblado dolor, multiplicada pena, sólo halla respuesta y consuelo en Su naturaleza santa y verdadera.

"Gozaos con los que se gozan: llorad con los que lloran"

¡Cuán dulce consuelo en su tierno amor! No sabernos solos. Cuántos corazones tienen el sentir del corazón nuestro; llorar por lo mismo muchos a la vez; gozar todos juntos por la misma fe.

"Y os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros y os presiden en el Señor y os amonestan: y que los tengáis en mucha estima por amor de su obra"

Hallar el reposo durante el camino, cuando la jornada dura y fatigosa agobia el espíritu en la lucha sorda contra el "viejo hombre", una voz amiga, venida de cerca, te anima y te esfuerza, te goza y te consuela. La voz de un hermano que te pastorea, mostrándote mucho de lo que Dios tiene, hablándote largo de su esplendidez, nutriendo tu alma por el Espíritu Santo, te guía a los pastos que ansía tu fe.

"Y limpiará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y la muerte no será más; y no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor"

Y así en estas cosas un día sufrir y un día gozar, un día caer y otro levantar. ¡Ánimo, hermanos! La hora se acerca cuando los contrastes ya no serán más. La casa del Padre es nuestro lugar. Dulces añoranzas de hogar celestial inundan el alma; la muerte y el llanto ya no existirán, mas mientras Él venga, ¡hay que andar... andar!


 

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